En estos últimos días no me he inspirado mucho a escribir, pero si a leer, y es que con tantas emociones en la cabeza con lo único que me identifico es con Oliveiro Girondo, les platico un poco de este señor que es uno de mis favoritos y de mis mayores influencias.
Oliveiro Girondo es un poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1891, personaje adinerado que estudió en centros educativos importantes europeos, estudiante de derecho publicó su primer libro de poemas en 1922 “ Veinte poemas para ser leídos en el tranvía”, también fue pintor y sufrió un accidente en 1961 que disminuyó sus condiciones físicas. Falleció en 1967.
Después de una breve biografía les dejo "Me importa un pito", siendo una de mis poesías favoritas :
No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como
magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un
aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente
capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una
exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! - y en esto soy irreductible –
no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben
volar ¡pierden el tiempo las que pretenden seducirme!
Esta fue - y no otra – la razón de que me enamorase tan locamente, de
María Luisa.
¿Que me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Que me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de
pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor
a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando
realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con que impaciencia yo esperaba que volviese, volando de algún paseo
por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito
rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!... y a los pocos segundos, ya me
abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier
parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos
aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una
nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el
aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Que delicia la de tener una mujer tan ligera... aunque nos haga ver,
de vez en cuando las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los
días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase
de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia
sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las
nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer
pedestre, y por más empeño que ponga en conseguirlo, no me es posible
ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.
Oliveiro Girondo.
Hola! Me comentaste diciendo que tienes problemas... Lo siento... Mejor agregame al msn y hablamos por ahi cuando podamos... mylovelyassasin@hotmail.com
ResponderEliminarun beso.